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La bala que mató a Ezequiel Zamora

lunes, 18 de enero de 2010

Por el Ilustre Hermano José Miguel Salas Mejías
El 31 de diciembre de 1859, el Ejército de los campesinos y campesinas de Occidente, con el camino despejado e iluminado por el sol de la victoria lograda en Santa Inés, se enrumbó desde Barinas con el objetivo de llegar a Caracas el 20 de febrero de 1860, para cumplir así con el plan diseñado por Zamora e iniciado con el desembarcó en la Vela de Coro.
Entretanto el Ejército Federal de Oriente con 3500 lanceros encabezados por el general de la independencia Juan Sotillo avanzaba a pasos acelerados para encontrarse con Zamora a mediados de enero de 1860 en los llanos de Cojedes. Igual movimiento, con 1500 hombres provenientes de los Valles de Aragua y del Tuy, realizaba el Ejército Federal del Centro con los líderes campesinos a la cabeza.
El Ejército Revolucionario sitió la ciudad de San Carlos, la mañana del 10 de enero de 1860. Fue en este escenario donde zamora, cuando revisaba las posiciones de combate, cayó asesinado en extrañas circunstancias, con un balazo en la cabeza que le entró por el ojo izquierdo, proveniente de un tirador hasta ahora desconocido. Como único testigo del hecho y supuestamente sospechoso: Antonio Guzmán Blanco, sobre el cual quedó el señalamiento histórico de haber sido el autor intelectual del crimen.
Con Zamora moría también la revolución campesina y popular. Por eso la oligarquía celebró en Caracas con la triste y célebre frase, expresada por el escritor oligarca Juan Vicente González: "bala afortunada, bendita sea mil veces la mano que te dirigió".
Para el pueblo, la muerte de Zamora significó lo que expresa el coronel zamorista Emilio Navarr, quien pocas horas después del asesinato, vio el cadaver del líder de la Revolución: "vi el cádaver de Zamora, el fiel soldado de la Federación, elm mejor amigo del pueblo el punto único donde estaban vinculadas las legítimas esperanzas del ejército federal desgraciados los hijos del pueblo que combaten por esta causa a la que han consagrado todos sus desvelos y sacrificios, derramando su propia sangre, su amor y lo más sagrado de su familia; con este cadáver terminaron sus bellas esperanzas, su más seguro porvenir".
A la muerte de Zamora, Juan Crisóstomo Falcón asumió el mando del Ejército Federal y el 16 de enero de 1860, pactó con la oligarquía la rendición de la ciudad de San Carlos, Falcón, vacilante y sin ninguna ascendencia sobre los líderes campesinos, marchó sobre Valencia, retrocedió y luego fue derrotado en la sabana de coplé, por el general Febres Cordero. Esto causó el desmoronamiento del Ejército Federal. Los líderes campesinos se replegaron a Yaracuy, Barinas y Apure donde desarrollaron una larga guerra de guerrillas mientras Falcón y los líderes liberales huían hacia Colombia.
La falta de recursos, la conversión de muchos de los oficiales godos al federalismo y las importantes victorias de los federalistas dirigidos por Guzmán Blanco en el centro del país, colocaron al gobierno conservador en una situación de absoluta impotencia y debilidad, por lo que el general Páez, quien había regresado a Venezuela, y el presidente de Funciones Pedro José Rojas, se vieron forzados a firmar la paz con los federalistas. El 24 de abril de 1863 Pedro José Rojas, en nombre de Páez, y Antonio Guzmán Blanco, representando a Falcón, firmaron un acuerdo político en la hacienda de Coche, a 08 kilómetros de Caracas, que puso fin a la mal llamada guerra federal.
Un nuevo pacto entre oligarquías, que le permitió a Falcón y Guzmán Blanco ser presidentes de Venezuelas sucesivamente, generando reformas muy alejadas del motivo y propósito de la revolución campesina que liderizó Zamora. No hubo ni tierra, ni elecciones populares, ni hombres libres. Cinco años de guerra sólo produjeron una nueva oligarquía.

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